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Bloguería de Paco Muro

EL “QUIÉN ES QUIÉN” DEL MUNDO LABORAL

En tono de broma he recogido una serie de personajes pintorescos que frecuentan las grandes empresas. Sólo para leer con buen humor y ganas de sonreír.

 
 

El torpe competente: es capaz de hacer lo que le digas sin error y con absoluta fiabilidad, eso le hace suficientemente competente. Muy preciso mientras no se salga de la rutina. Como tenga que decidir algo o tomar una iniciativa propia, tiene un don natural para tomar siempre la peor opción, la más torpe y farragosa. Se ahoga en un vaso de agua y tiene tendencia de hacer montañas de granos de arena. Se agobia y acaba agobiando a su entorno.

El pelmazo protestón: digas lo que digas protestará, es así. Con el tiempo acabas descubriendo que luego trabaja como el que más y cumple perfectamente. Sólo que es incapaz de decir algo positivo; su vocabulario, su actitud, y su tono de voz sólo admiten comentarios críticos negativos. Siempre cuestionará lo que haya, sea lo que sea, bueno o malo, da igual. Cualquier cambio o noticia es a peor. Además lo hace siempre en público, aprovecha cualquier reunión, curso, grupo de pasillo, viaje, etc, todo momento es bueno para hablar pestes de la empresa, de esto, de aquello. Es de esos que cuando estableces algo siempre sacará de la manga un ejemplo rocambolesco e increíblemente excepcional que apoya que esa idea saldrá mal. Su mal fario y la manía de tener que manifestar siempre su visión negativa boicoteará una y otra vez toda reunión de trabajo, encuentro, curso, etc.

El bocazas: es un buen profesional, y lo sabe. Tiene fuerza, cumple perfectamente y es cuestionador, en el sentido positivo, cuando algo no lo ve claro no se calla, lo pone encima de la mesa, y siempre está dispuesto a comprometerse. Pero les falla la boca porque tienen un pequeño problema: su lengua es más rápida que su mente. Las formas lo estropean todo, dirá lo que no debe, como no debe, en el momento más inoportuno y ante las personas inadecuadas. Si pensara dos veces antes de hablar sería el colaborador ideal, pero esa enorme bocaza le desprestigia de una forma brutal, y convierte en cretino lo que bien podría ser un buen profesional. Eso sí, suelen ser excelentes encajadores, por la costumbre de que les contesten en caliente a sus sandeces.

El “humilde” aprovechado: parece que no hace nada especial. Consigue una imagen de humilde y sencillo. Parece que es de los que se conforma con todo, nunca pone pegas a nada, siempre ofreciendo su ayuda o apoyo. Finalmente acabas descubriendo que siempre se queda con el trozo bueno, con el mejor sitio, con la mejor cuenta, con la mejor mesa, que al final se ha “escaqueado” de todas las tareas más incómodas, que nunca ha ido a los viajes molestos y no se ha perdido ninguno de los atractivos. ¿Cómo lo hace?: misterio. Son seres terriblemente egoístas que sólo miran por lo suyo, y no lo hacen con mala intención, simplemente son así y pese a su apariencia de ángel no dudarán en dejarte en la cuneta llevándose tu propio coche, eso sí, te preguntarán verdaderamente preocupados si quieres una manta para pasar la noche, no vayas a coger frío.

El marqués: se trata de un trabajador excepcional. Es el último en marcharse cada día, dedica todas las horas a la empresa… o eso parece. Suele llegar después de la hora por la mañana, siempre encuentra el hueco para ir a tomar café, come tranquilo, y como se queda hasta muy tarde, suele hacer una pequeña parada por la tarde. Efectivamente se va muy tarde cada día, porque en su vida personal le encaja muy bien ese horario. El cree que es el que más trabaja, hasta que cronometras verdaderamente su jornada y compruebas que hace las mismas horas reales que el resto, pero dilatadas hábilmente de sol a sol. Es cierto que trabaja mucho, y es cumplidor, pero su caótica forma de aplicar los horarios hace que su eficacia sea inferior a su potencial y la imagen que crea en su entorno es de que vive como un marqués consentido, cuando él mismo se cree el salvador del departamento.

El inútil encantador: es un personaje que hay en muchas empresas, frecuentemente suele ser un hombre mayor o una jovencita. Es un ser encantador, siempre con un detallito para todos, todo sonrisa y candidez, y absolutamente inútil para el trabajo. Si le pides tres fotocopias ya tiene tarea para media jornada laboral, que es lo que puede tardar en hacerlas. Nadie sabe cómo entró a trabajar, porque desde el primer momento se ve que su capacidad profesional es ínfima, pero una vez dentro ha pasado a formar parte del decorado de la oficina, y ¿quién se atreve a decirle nada al pobre?. Llegaran épocas de crisis, reajustes de plantilla, rotación del personal, pero milagrosamente estos personajes sobreviven a jefes y compañeros, y siempre siguen por ahí, desesperantes y entrañables por igual.

El currito genético: después de varias generaciones de “curritos” de último nivel en su familia, las leyes de la evolución le han adaptado especialmente. Son trabajadores incansables, que les gusta sufrir trabajando. Si les ofreces posibilidades de desarrollo, o les tratas con excesiva cercanía y respeto, les rompes gravemente sus esquemas y les creas un conflicto. Admiran a un jefe “negrero”, si es posible que sea un gritón malhablado y si es de los que se jactan públicamente de haber tomado una mariscada con un cliente poco después de anunciar que no hay presupuesto para las gratificaciones, pues mejor. Es un sufridor, y si no sufre no disfruta. Fiel y defensor de la empresa como si fuera suya, pero hecho a unos códigos de comportamiento de otro siglo. Si logras mandarle con energía, con claridad de quien está arriba y quien abajo, verás como ya le encajan las cosas, funcionará como un reloj y será inmensamente feliz. Los patrones modernos de management, liderazgo y motivación fracasarán con este personaje. Es así, qué le vamos a hacer.

El desmotivajefes: cumple con su trabajo, eso sí, estrictamente lo justo y ni un solo gramito de más. Nunca se ofrece a echar una mano, rara vez realiza un esfuerzo adicional, no presenta propuestas ni soluciones, participa lo justo para que nadie pueda decirle nada y lejos de lo que cabría esperar de un colaborador con su potencial. A una reunión va siempre con la preparación mínima para no poder ser amonestado. Posiblemente hubiera sido un funcionario destacado. Sólo reacciona con rapidez,  y dudoso gusto en las formas, para protestar ante el más mínimo error administrativo que le afecte: una décima de más en la aplicación del IRPF, un día de retraso en el pago de unas dietas, o una interpretación del Convenio. Logra desmotivar a sus jefes y quitarles las ganas de contar con él. Además suele ser un buen tipo, pero que profesionalmente vive a otro ritmo, se cree mejor de lo que es y no le va eso de entregarse.

El fantasma: se cree superman, siempre promete el oro y el moro, y nunca acaba nada. Se vende magníficamente dentro de la casa. Muchos de los de arriba creen sus historias y promesas. Invierte la mayor parte de su tiempo en relaciones públicas internas. Consigue que todo el mundo acabe trabajando para ellos, liando a todos. Una y otra vez los resultados no llegan, pero da igual, lo enmascarará con el nuevo y maravilloso proyecto que va a acometer, que va a ser la bomba. Todos los que le rodean son conscientes de su incompetencia, y sorprendentemente parece contar con el apoyo de los de arriba. A la larga suelen acabar cayendo, pero después de haber dejado su sello en la empresa, y más de un problema grave con clientes, proveedores y un largo etcétera..

El voceras: sólo sabe hablar en voz alta. Y además, no para. Siempre tiene algún nuevo chiste, una anécdota o un chisme. En cuanto estás con él en un lugar concurrido sabes que montará el número. Para un rato es una compañía ideal, pasado es primer rato todo el mundo está buscando la forma de escabullirse. Trabajar con él en algo sabes que será divertido a ratos y eterno en el tiempo. Además en las comidas sabes que será el gran animador hasta el café, a partir de ahí suelen perder los papeles y acaban por abochornar a cualquiera. Buen tipo en el fondo, sano, mediocre en su trabajo y permanentemente feliz. Por supuesto para él todo es difícil, la competencia es dura, y su concepto de negociación es entrar en casa del cliente y ofrecer  el máximo descuento posible, y algún regalo, antes de que éste abra la boca.

El mensajero de los dioses: se trata de un mando intermedio que sólo es eso, intermedio. Tiene a un jefe de carácter fuerte y se limita a hacer de mensajero de sus órdenes. Tragará con todo, jamás discutirá con su jefe una decisión por absurda que sea, la asume y la comunica como si nada. Por supuesto no pondrá una sola iniciativa propia, es un mero transmisor. Ante su equipo evidencia sin complejos que es un calzonazos, pero no le importa, cobra un buen sueldo y tampoco aspira a más. Por supuesto, cuando alguien quiere algo no tiene más que puentear a ese mando y sin problemas. Es muy útil como cabeza de turco, ya que si las cosas se estropean el gran jefe se lo carga como culpable del mal, y se acabó el asunto. En el peor de los casos se puede reciclar a felpudo.

El Mariposa: se trata de un colaborador destacado y eficaz que trata de llevarse bien con todos, y muy especialmente con los de arriba. Majete y siempre mariposeando alrededor de su jefe, tratando de afianzarse como su mano derecha. Mientras todo va bien es un compañero ideal, pero cuando las cosas se complican siempre opta por lo adecuado para salvaguardar su relación con el jefe. No se mojará jamás por un compañero, tragará con lo necesario para esquivar los golpes, y será aliado de injusticias y atropellos sin dudarlo. Eso sí, siempre tratando de mantener el tipo, no enfrentarse con nadie y seguir llevándose bien con todos. En privado criticará como cualquiera, pero a la hora de actuar nunca moverá pieza. Acaba por ser un cómodo almohadón para el descanso del trasero del jefe, y aunque a corto plazo le suele salir bien y lograr algún ascenso, si las cosas se tuercen sufrirá sin piedad las vejaciones propias de su delicada posición.

 

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© Otto Walter 2017 · Todos los derechos reservados

 
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