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Bloguería de Paco Muro

¿QUÉ ES EL CLIMA LABORAL?

La palabra clima está asociada a las “sensaciones térmicas”

 
 

Muchas veces en las explicaciones meteorológicas se dice si hay borrasca, viento del norte frío o viento sur cálido, temperatura, y a menudo se añade el término sensación térmica, y todos estos datos determinan el grado de bienestar que tenemos en cuanto al clima. En la empresa también hay datos numéricos como los resultados, las ventas, los beneficios, pero otra cosa es la “sensación” que se percibe en cada departamento, en los pasillos y en las relaciones profesionales. Eso es el clima laboral. A mejor clima más “sol”, más energía, más calor en el trabajo y más facilidad para hacer y emprender cosas. 

¿Cómo podríamos definir el clima laboral perfecto? 

¡Ah! ¿Pero existe? Me refiero a que nunca llueve a gusto de todos, por lo que no se podría hablar de clima perfecto para todos sin excepción. Si bien el más adecuado es aquel en el que reina la confianza en la dirección y estrategia de la empresa, el respeto entre las personas, la lealtad hacia la empresa, la simpatía, el desarrollo profesional, la motivación, las buenas relaciones y un alto rendimiento. 

¿Qué tipo de dirección se debe ejercer para ello? 

Crear y conservar un buen clima laboral es cosa de todos, no solo de los directivos, aunque es cierto que los jefes tienen mucha más capacidad de cargárselo por un comportamiento equivocado. El buen clima mantenido en el tiempo va siempre asociado a una buena calidad directiva, ejercida con rigor y con “ocupación” en el tema. Esto es, que además de dirigir bien las tareas se preocupa de los asuntos que afecten al clima, y cuando hay problemas que afectan al equipo sabe intervenir con criterio para cortar y corregir todo aquello que pueda minar el “buen rollo” en el departamento. 

¿En que medida influye en la productividad? 

Ya no es sólo cuestión de rendimiento, sino de calidad de vida. Donde hay buen clima se trabaja más y mejor, está claro, pero además se convive mejor, se comparte más, se aprende más y se aporta más, y todo esto sí repercute en una mejor productividad. 

¿Y en la retención del personal y el talento? 

Me parece muy acertada la matización de hablar de ambos términos por separado, ya que el problema de un mal clima es que propicia la desaparición del talento, no sólo porque los mejores se vayan de la empresa, sino porque los que se quedan lo hacen ¡sin ganas! Que para el caso es aún peor porque encima cuestan dinero. La ilusión es la gasolina del talento, y en un ambiente enrarecido no es posible generar y mantener el clima idóneo para que el talento florezca. Es como un árbol frutal que precisa de ciertas condiciones para que dé sus frutos, si hace demasiado frío, graniza o llueve demasiado se echa a perder la cosecha. 

¿Qué factores destruyen el clima? 

Las malas relaciones entre las personas por encima de todo, y en esto se incluyen las que hay entre el jefe y su equipo, entre la alta dirección y el resto de la empresa, entre los compañeros y entre los departamentos. Otro factor importante es la no percepción del éxito por el trabajo bien hecho: esto supone vivir un ambiente de fracaso, de presión continua por malos resultados y de ineficacia, que mina el entusiasmo de cualquiera. Por último añadiría la ausencia de buen humor. Sin él no puede existir el buen clima y se complican hasta las pequeñas crisis. 

¿Qué no se debe hacer como jefe? 

Simplemente dejar de dirigir correctamente, no estar a la altura de lo que el equipo necesita y no estar pendiente de ocuparse de crear un buen ambiente. Con cualquiera de estas facetas no cabe duda: el clima irá a peor. No es necesario un gran error o hacer una barbaridad. El buen clima laboral es como las buenas relaciones personales, no se mantienen solas, se trabajan y se cuidan, y si se dejan al azar del destino se deterioran. 

¿Cómo es un jefe tóxico? 

Hay que diferenciar entre varios tipos de jefes tóxicos: por un lado está el “malvado”, el que realmente es una mala persona, al menos en su entorno laboral. Este tipo es simplemente un impresentable con galones que no sabe ni quiere dirigir bien. Otro caso diferente es el de la gran mayoría de los casos, que son jefes equivocados, que creyendo que lo hace bien, y queriendo hacerlo bien, ha confundido totalmente el camino, y ha olvidado llegar a los buenos resultados contando con las personas en vez de machacándolas. En muchas ocasiones estos aparentemente malos jefes sólo han sucumbido a la presión de arriba o a un exceso de autoexigencia que les ha nublado la mente. Además están los que simplemente no saben dirigir porque nadie les ha enseñado y a falta de sentido común se ejercen con especial torpeza. Pero no debemos olvidar que en muchos casos, más de los que salen a la luz, el tóxico, el equivocado, no era el jefe, sino algún empleado que ofrecía un pésimo comportamiento y una nula alineación con los valores y criterios de la compañía, y acabó desesperando al jefe e influyendo negativamente en el equipo enredando y envenenando el clima.

 ¿La presión es un buen sistema? 

Yo pondría el ejemplo de un instrumento de cuerda. Sin cierta tensión, la justa, se desafina, pierde su capacidad de producir música correctamente. Si te pasas de tensión se rompe, si aflojas ya no tiene armonía. Pero la presión no es lo mismo que la tensión. La presión ahoga y ¿quién rinde mejor cuando le quitan el aire? Digamos que la presión suele ser el recurso del jefe mediocre, del que no sabe como crear pasión e implicación y confunde el respeto con el temor y el apoyo con la sumisión. Tonto es el jefe que piensa que con presión logra más que con calidad de dirección, que incluye el rigor, pero ejercido de forma equilibrada y controlada. 

¿Cómo influye un empleado tóxico? 

Los hay de muchos tipos: el especialista en el escaqueo, el que pierde tiempo, el que pasa el trabajo a los demás, el cara dura, el sinvergüenza, el ladrón,… vamos, que hay de todo, como en botica. Suelen utilizar el compañerismo de los demás como escudo para esconder su comportamiento traidor y desleal, pero acaban esparciendo su “toxicidad” y generando mal ambiente. ¿Hasta que punto la culpa es suya o del jefe que lo consiente? ¿Hasta donde llega la responsabilidad del compañero que lo oculta? Muchas veces el veneno del tóxico apenas hubiera hecho mella en el equipo si los que pudieron intervenir lo hubieran hecho, pero cuando no es así acaban convirtiéndose en cómplices del mal ¿Inocentes o inconscientes? No lo sé, pero el que permite las canalladas sin actuar también está cometiendo una. Ningún tóxico es más fuerte que el grupo cuando éste le para los pies. 

¿Qué medidas puede tomar el empresario? 

Más que “puede”, diría “debe”, y cuanto antes. Debe intervenir, empezando por verificar primero los hechos, sin prejuzgar. Debe advertir el mal clima y los malos comportamientos si se han producido y concretar las mejoras para corregir el rumbo. Hacer seguimiento y si finalmente no hay progreso prescindir del trabajador inadecuado para ese equipo, ya sea jefe o empleado. Salvo “los delincuentes” y los “sinvergüenzas”, el resto de tóxicos suelen ser personas válidas que simplemente no encajan en la empresa y por eso empezaron a actuar mal. Lo cual no implica que puedan rendir correctamente en otros sitios o trabajos, quizá era sólo que sus valores y prioridades y los de la empresa no eran compatibles. En todo caso, en la duda, cabe aplicar la norma que la experiencia te enseña: Más vale una vacante que un problemático.

 Entrevista a Paco Muro, presidente ejecutivo de Otto Walter

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SAM
Fantástico artículo!!!
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© Otto Walter 2017 · Todos los derechos reservados

 
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