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Bloguería de Paco Muro

¡AQUÍ SÍ PASA!

Cuando en una organización, sea cual sea, alguien actúa de forma fraudulenta, o incompetente, incumple compromisos, es corrupto, se salta valores esenciales, derrocha, comete irregularidades o engaña, y todos ven que al final “no pasa nada”, es precisamente cuando se prepara para que PASE DE TODO. De todo lo malo, claro está.

 
 

Si se permite que directivos impresentables permanezcan en sus puestos cuando sus superiores saben perfectamente que actúan de modo infame, si en una sociedad se puede detener quince veces a alguien que ha delinquido reiteradamente y sigue en la calle, si empleados desleales estafan a la empresa y generan conflictos intencionadamente sin que aquéllos que podrían actuar hagan nada (sus jefes, sus compañeros o los sindicatos) y si cargos públicos y políticos son sorprendidos con malas prácticas y siguen tan campantes, la cosa sólo tiene un camino: ir a peor.

El “aquí no pasa nada” es el principio de la pérdida común, de la barra libre para los especuladores, tramposos, sinvergüenzas y caraduras. Porque cuando sí pasa algo, cuando hay consecuencias ante la actuación indebida, todo cambia. La reglas deben ser meridianamente claras y a partir de ahí todos deben ver con esa misma claridad que “pasa algo” con los que incumplen, y si la incorrección es seria y grave, pasará algo serio y grave, sin duda, para tranquilidad de los buenos y aviso a los tentados a hacer lo incorrecto.

En una organización eficaz, el rigor es amigo de la eficacia y el buen clima. Si una norma no vale, se cambia. Pero mientras está no se la salta nadie sin que pase algo. Las personas tenemos una parte lógica y cuando sabemos que estamos en un entorno en el que “el que la hace la paga” nos entra un espíritu de corrección y honradez inusitado. Por el contrario, también tenemos un lado pillo con una tendencia natural a abusar de la regla quebrantable, y cuando vemos que vale todo, que no pasa nada, la corrupción y la malicia se disparan.

No hay mejor herramienta para el buen entendimiento y el buen hacer que el rigor con normas claras y consecuencias ejercidas con total contundencia, tanto para para premiar a los cumplidores como para apartar a los indignos ¡Cuántas cosas cambiarían si los dirigentes que toman decisiones incompetentes, los gobernantes que son sorprendidos con malas artes y los trabajadores que actúan de forma fraudulenta tuvieran que afrontar un castigo claro, rápido, inequívoco y justo! Con normas claras, leyes precisas y aplicación de ambas de forma rigurosa y ágil, rápidamente se instala un esperanzador: “Aquí sí pasa, yo que tú ni lo intentaba”, que hace que mejoren las organizaciones, las sociedades, las relaciones y la confianza.

No hay calidad sin reglas ni rigor, y no hay fuerza moral para exigir nada cuando se promueve que los malos vivan mejor que los buenos porque no pasa nada. Pues ya estamos tardando en aplicar esto, al menos cada uno donde pueda hacerlo: trabajo, familia, amigos o políticos.

 

OPINION Expansión – Emprendedores & Empleo

Por Paco Muro, Presidente de Otto Walter.


 

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© Otto Walter 2017 · Todos los derechos reservados

 
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