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Bloguería de Paco Muro

¡QUE ALGUIEN TOME EL MANDO!

En momentos de incertidumbre, cuando el entorno no ayuda, el dinero escasea, los clientes no se deciden y las empresas sufren para alcanzar objetivos mínimos, es cuando se necesitan los verdaderos jefes.

 
 

Necesitamos que alguien con visión y capacidad ejecutiva tome el mando, para salvar puestos de trabajo, para sacar adelante la empresa, para marcar prioridades, definir estrategias, asumir riesgos, exigir, motivar e involucrar a todos. Ahora el liderazgo debe ser por hacer, por estar ahí, por marcar pautas y caminos y conseguir que el equipo logre las metas y retos que se vayan asumiendo.

En plena tormenta el capitán debe aparecer, y dejarse ver para tranquilidad de todos. Hace no mucho me comentaba una buena directiva de una conocida empresa “no veas como nos reconforta ver que el jefe no está nervioso y sabe lo que hay que hacer”. La verdad es que ese jefe, a puerta cerrada, estaba tan preocupado como cualquiera, pero sabía estar a la altura de su cargo y entendía perfectamente el papel que le tocaba jugar ahora. Bajar al ruedo y ponerse al frente con templanza, fortaleza de espíritu y decisión, combinadas con la generación de serenidad, fe y acción con un equipo unido y coordinado, que es lo que hoy se precisa de los directivos.

Prohibido dudar. ¿Qué no sabes si lo que decides hoy irá bien? Pues bienvenido al club, pero lo que no perdonará el equipo, lo que mata el entusiasmo, es ver al jefe incapaz, dubitativo, perdido, obcecado o temeroso. El único temor que vale crear en un equipo en estas circunstancias, el que saca lo mejor de cada uno, es el “temor a defraudar al equipo”. Se trata de despertar el orgullo profesional que todos tenemos y aprovecha la energía que propicia el enemigo externo para aunar voluntades y esfuerzos.

Jefes, ¡a jefar! Que es lo que el mercado y el equipo nos exige ahora. Que sí, que hay que escuchar, porque la cabezonería del jefe tanto sirve para salir adelante contra viento y marea, como para llevar al equipo al precipicio por ser incapaz de oír y reflexionar sobre lo que dicen los que van a tu lado. Pero escuchar no significa consensuarlo todo. La dirección actual es participativa ¡pero no democrática! Y muchos en estos tiempos parecen confundirlo. Ideas que sobren, por supuesto, pero alguien debe tomar la decisión final, asumirla y ponernos a todos en marcha.

Si tienes responsabilidad sobre equipos no esperes ni un segundo más, no pierdas ni un soplo de energía lamentándote por lo que no tienes o por lo difícil que está todo. Concentra tu talento en sacar el máximo de lo que sí tienes, en decidir caminos entre la maleza, de lograr que el equipo te siga, porque si algo despierta ilusión en tiempos de desesperanza es ver a alguien al frente, de pie, currando, luchando, que toma el mando.

Paco Muro, Presidente de OTTO WALTER

En momentos de incertidumbre, cuando el entorno no ayuda, el dinero escasea, los clientes no se deciden y las empresas sufren para alcanzar objetivos mínimos, es cuando se necesitan los verdaderos jefes. Necesitamos que alguien con visión y capacidad ejecutiva tome el mando, para salvar puestos de trabajo, para sacar adelante la empresa, para marcar prioridades, definir estrategias, asumir riesgos, exigir, motivar e involucrar a todos. Ahora el liderazgo debe ser por hacer, por estar ahí, por marcar pautas y caminos y conseguir que el equipo logre las metas y retos que se vayan asumiendo. En plena tormenta el capitán debe aparecer, y dejarse ver para tranquilidad de todos. Hace no mucho me comentaba una buena directiva de una conocida empresa “no veas como nos reconforta ver que el jefe no está nervioso y sabe lo que hay que hacer”. La verdad es que ese jefe, a puerta cerrada, estaba tan preocupado como cualquiera, pero sabía estar a la altura de su cargo y entendía perfectamente el papel que le tocaba jugar ahora. Bajar al ruedo y ponerse al frente con templanza, fortaleza de espíritu y decisión, combinadas con la generación de serenidad, fe y acción con un equipo unido y coordinado, que es lo que hoy se precisa de los directivos. Prohibido dudar. ¿Qué no sabes si lo que decides hoy irá bien? Pues bienvenido al club, pero lo que no perdonará el equipo, lo que mata el entusiasmo, es ver al jefe incapaz, dubitativo, perdido, obcecado o temeroso. El único temor que vale crear en un equipo en estas circunstancias, el que saca lo mejor de cada uno, es el “temor a defraudar al equipo”. Se trata de despertar el orgullo profesional que todos tenemos y aprovecha la energía que propicia el enemigo externo para aunar voluntades y esfuerzos. Jefes, ¡a jefar! Que es lo que el mercado y el equipo nos exige ahora. Que sí, que hay que escuchar, porque la cabezonería del jefe tanto sirve para salir adelante contra viento y marea, como para llevar al equipo al precipicio por ser incapaz de oír y reflexionar sobre lo que dicen los que van a tu lado. Pero escuchar no significa consensuarlo todo. La dirección actual es participativa ¡pero no democrática! Y muchos en estos tiempos parecen confundirlo. Ideas que sobren, por supuesto, pero alguien debe tomar la decisión final, asumirla y ponernos a todos en marcha. Si tienes responsabilidad sobre equipos no esperes ni un segundo más, no pierdas ni un soplo de energía lamentándote por lo que no tienes o por lo difícil que está todo. Concentra tu talento en sacar el máximo de lo que sí tienes, en decidir caminos entre la maleza, de lograr que el equipo te siga, porque si algo despierta ilusión en tiempos de desesperanza es ver a alguien al frente, de pie, currando, luchando, que toma el mando.

¡Que alguien tome el mando!,Emprendedores&Empleo, expansion.com
En momentos de incertidumbre, cuando el entorno no ayuda, el dinero escasea, los clientes no se deciden y las empresas sufren para alcanzar objetivos mínimos, es cuando se necesitan los verdaderos jefes. Necesitamos que alguien con visión y capacidad ejecutiva tome el mando, para salvar puestos de trabajo, para sacar adelante la empresa, para marcar prioridades, definir estrategias, asumir riesgos, exigir, motivar e involucrar a todos. Ahora el liderazgo debe ser por hacer, por estar ahí, por marcar pautas y caminos y conseguir que el equipo logre las metas y retos que se vayan asumiendo. En plena tormenta el capitán debe aparecer, y dejarse ver para tranquilidad de todos. Hace no mucho me comentaba una buena directiva de una conocida empresa “no veas como nos reconforta ver que el jefe no está nervioso y sabe lo que hay que hacer”. La verdad es que ese jefe, a puerta cerrada, estaba tan preocupado como cualquiera, pero sabía estar a la altura de su cargo y entendía perfectamente el papel que le tocaba jugar ahora. Bajar al ruedo y ponerse al frente con templanza, fortaleza de espíritu y decisión, combinadas con la generación de serenidad, fe y acción con un equipo unido y coordinado, que es lo que hoy se precisa de los directivos. Prohibido dudar. ¿Qué no sabes si lo que decides hoy irá bien? Pues bienvenido al club, pero lo que no perdonará el equipo, lo que mata el entusiasmo, es ver al jefe incapaz, dubitativo, perdido, obcecado o temeroso. El único temor que vale crear en un equipo en estas circunstancias, el que saca lo mejor de cada uno, es el “temor a defraudar al equipo”. Se trata de despertar el orgullo profesional que todos tenemos y aprovecha la energía que propicia el enemigo externo para aunar voluntades y esfuerzos. Jefes, ¡a jefar! Que es lo que el mercado y el equipo nos exige ahora. Que sí, que hay que escuchar, porque la cabezonería del jefe tanto sirve para salir adelante contra viento y marea, como para llevar al equipo al precipicio por ser incapaz de oír y reflexionar sobre lo que dicen los que van a tu lado. Pero escuchar no significa consensuarlo todo. La dirección actual es participativa ¡pero no democrática! Y muchos en estos tiempos parecen confundirlo. Ideas que sobren, por supuesto, pero alguien debe tomar la decisión final, asumirla y ponernos a todos en marcha. Si tienes responsabilidad sobre equipos no esperes ni un segundo más, no pierdas ni un soplo de energía lamentándote por lo que no tienes o por lo difícil que está todo. Concentra tu talento en sacar el máximo de lo que sí tienes, en decidir caminos entre la maleza, de lograr que el equipo te siga, porque si algo despierta ilusión en tiempos de desesperanza es ver a alguien al frente, de pie, currando, luchando, que toma el mando.

¡Que alguien tome el mando!,Emprendedores&Empleo, expansion.comEn momentos de incertidumbre, cuando el entorno no ayuda, el dinero escasea, los clientes no se deciden y las empresas sufren para alcanzar objetivos mínimos, es cuando se necesitan los verdaderos jefes. Necesitamos que alguien con visión y capacidad ejecutiva tome el mando, para salvar puestos de trabajo, para sacar adelante la empresa, para marcar prioridades, definir estrategias, asumir riesgos, exigir, motivar e involucrar a todos. Ahora el liderazgo debe ser por hacer, por estar ahí, por marcar pautas y caminos y conseguir que el equipo logre las metas y retos que se vayan asumiendo. En plena tormenta el capitán debe aparecer, y dejarse ver para tranquilidad de todos. Hace no mucho me comentaba una buena directiva de una conocida empresa “no veas como nos reconforta ver que el jefe no está nervioso y sabe lo que hay que hacer”. La verdad es que ese jefe, a puerta cerrada, estaba tan preocupado como cualquiera, pero sabía estar a la altura de su cargo y entendía perfectamente el papel que le tocaba jugar ahora. Bajar al ruedo y ponerse al frente con templanza, fortaleza de espíritu y decisión, combinadas con la generación de serenidad, fe y acción con un equipo unido y coordinado, que es lo que hoy se precisa de los directivos. Prohibido dudar. ¿Qué no sabes si lo que decides hoy irá bien? Pues bienvenido al club, pero lo que no perdonará el equipo, lo que mata el entusiasmo, es ver al jefe incapaz, dubitativo, perdido, obcecado o temeroso. El único temor que vale crear en un equipo en estas circunstancias, el que saca lo mejor de cada uno, es el “temor a defraudar al equipo”. Se trata de despertar el orgullo profesional que todos tenemos y aprovecha la energía que propicia el enemigo externo para aunar voluntades y esfuerzos. Jefes, ¡a jefar! Que es lo que el mercado y el equipo nos exige ahora. Que sí, que hay que escuchar, porque la cabezonería del jefe tanto sirve para salir adelante contra viento y marea, como para llevar al equipo al precipicio por ser incapaz de oír y reflexionar sobre lo que dicen los que van a tu lado. Pero escuchar no significa consensuarlo todo. La dirección actual es participativa ¡pero no democrática! Y muchos en estos tiempos parecen confundirlo. Ideas que sobren, por supuesto, pero alguien debe tomar la decisión final, asumirla y ponernos a todos en marcha. Si tienes responsabilidad sobre equipos no esperes ni un segundo más, no pierdas ni un soplo de energía lamentándote por lo que no tienes o por lo difícil que está todo. Concentra tu talento en sacar el máximo de lo que sí tienes, en decidir caminos entre la maleza, de lograr que el equipo te siga, porque si algo despierta ilusión en tiempos de desesperanza es ver a alguien al frente, de pie, currando, luchando, que toma el mando.

 

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